Qué hacer si nos roban en casa

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casarobada

Cuando alguien vuelve a su casa y se encuentra con que la cerradura ha sido forzada, señal inequívoca de allanamiento, de que ha recibido la indeseable visita de los amigos de lo ajeno, su primer impulso es entrar apresuradamente y echar un vistazo a la vivienda, mirar si falta algo… Es una reacción lógica, pero no es ni lo más prudente ni lo más aconsejable. Por un parte, los ladrones podrían estar todavía dentro y el inevitable encuentro probablemente sería violento, o cuando menos peligroso. Por otra parte, aunque los cacos ya se hubieran largado, el seguramente apresurado y nervioso repaso del agobiado propietario a su vivienda (abrir o cerrar ventanas o puertas interiores, encender luces, mover muebles, objetos…) podría borrar huellas o pistas que pudieran ayudar a la policía a seguir el rastro de los ladrones y, en el mejor de los casos, dar con ellos y recuperar lo robado. ¿Qué debe hacerse entonces?

1. No tocar nada y llamar rápidamente a la policía

Aunque cueste, lo que que hay que hacer es no entrar a la vivienda, mantener la calma, llamar inmediatamente a la policía y, mientras llega, preguntar a los vecinos si han oído o visto algo o alguien sospechoso, si también alguno de ellos ha sido desvalijado… Es frecuente, sobre todo en épocas de vacaciones y durante los puentes festivos, que los saqueadores de pisos accedan a más de uno en la misma escalera o en el mismo edificio. ¿Y qué hacer si la cerradura está bien, normal, pero al entrar notamos que la casa se encuentra revuelta, que hay señales inequívocas de que alguien ha entrado (tal vez por una ventana, o por la puerta pero sin forzarla, “limpiamente”)? Lo mismo: no tocar nada, no perder los nervios, salir incluso de la vivienda, llamar a la policía, hablar con los vecinos…

2. Hacer la lista de objetos sustraídos o dañados

Una vez la policía haya inspeccionado la vivienda y permita a los residentes acceder a la misma, es el momento, ahora sí, de inspeccionarla concienzudamente y de hacer una lista con los objetos que faltan, relatando también los daños que pudieran haber sufrido algunos elementos (ventanas, cierres, puertas, suelos…), el mobiliario, el equipamiento o los enseres. Conviene no olvidarse en este repaso, que ha de ser exhaustivo, de ciertos objetos o bienes de gran interés para los ladrones como pueden ser tarjetas de crédito, cartillas de ahorro, talonarios de cheques… Si nos falta algún documento de este tipo, debemos contactar inmediatamente con la entidad bancaria correspondiente y pedirle que lo anule o lo bloquee (la tarjeta, el depósito…). Y otro tanto si nos falta o advertimos que ha sido manipulado, usado, algún aparato o dispositivo informático como un teléfono móvil, un ordenador, pendrives, CDs, cámaras fotográficas… en los que seguramente tenemos almacenada información sensible, tanto propia como de otra gente: fotografías, direcciones, números de teléfono, datos bancarios… En ese caso, tenemos que comunicar rápidamente la sustracción de esos datos a las entidades (financieras, empresas…) con las que tengamos relación y también a las personas (familiares, amigos…) que pudieran verse afectadas. En la lista de objetos robados y/o dañados debemos asimismo anotar el valor estimado de cada uno de ellos, para cuantificar económicamente el perjuicio y ser más precisos en la reclamación al seguro, que deberemos hacerla después de poner la denuncia.

3. Poner la denuncia

También hay que darse cierta prisa en presentar la denuncia ante la policía, denuncia que es imprescindible para justificar lo ocurrido ante la compañía aseguradora y en la que adjuntaremos la citada lista de pérdidas y daños. Es conveniente hacerlo antes de que pasen 72 horas desde que advertimos el allanamiento y el robo o hurto. En este trámite es frecuente que la policía pida al denunciante que demuestre ser el dueño de la casa o el inquilino, por lo que el mismo ganará tiempo si acude a la comisaría provisto de algún documento que lo acredite.

4. Dar parte al seguro

A la compañía aseguradora con la que tengamos contratado el seguro, de hogar o tal vez un seguro antirobos, habremos de presentarle una copia de la denuncia puesta en la policía y la susodicha lista de bienes sustraídos y de daños en elementos del piso y/o enseres. Hay que saber que no todos los seguros del hogar incluyen una póliza contra robos. Bastantes de ellos son muy básicos y solo contemplan los daños en el continente (la cerradura, las paredes, las ventanas…), dejando fuera de cobertura el contenido (electrodomésticos, enseres, objetos, joyas…). Las pólizas de seguros contra robos son más o menos caras para el asegurado en función del límite de cobertura genérica que se fije en el contrato y de si se incluye o no la cobertura especial de objetos de gran valor como cuadros o joyas. Si se hace esto último es conveniente, de cara a un posible robo, fotografiar los objetos de gran valor asegurados. Así será quizá más fácil recuperarlos si los ladrones resultan detenidos o si esos bienes aparecen en el mercado negro. Tampoco está de más hacer lo propio con los electrodomésticos y aparatos electrónicos valiosos como ordenadores: fotografiarlos, apuntar o fotografiar sus números de serie, tener guardadas las facturas (que desmuestran tanto la propiedad como la antigüedad de las cosas). La respuesta económica de la compañía aseguradora dependerá de si lo ocurrido ha sido un hurto, un robo o un atraco. En el despiece aledaño a este texto se explica la diferencia entre dichos términos. Si la denuncia y, sobre todo, la investigación policial determinan que lo que se ha registrado ha sido un hurto, es probable que la indemnización que pague la aseguradora sea muy escasa e incluso que el tomador no reciba nada. Si el hecho se califica como robo o atraco, el seguro cubrirá la cantidad establecida al efecto en la póliza, cantidad que habrá sido determinada previamente por el propio asegurado y en función de la cual pagará más o menos por su seguro. Eso sí, si se demuestra que el asegurado ha cometido alguna negligencia grave, como por ejemplo dejarse abierta la puerta de casa, lo más probable es que no reciba indemnización ninguna. También pueden llevarse una sorpresa desagradable las víctimas de hurtos o robos en partes o zonas exteriores de la vivienda, como pueden ser jardines, balcones o terrazas, ya que es probable que esos daños no estén cubiertos por el seguro de robo en el hogar. Hay que leer siempre con suma atención toda la letra pequeña de las pólizas. Después de todos los trámites explicados, es el momento de reevaluar las medidas de seguridad de que disponemos en casa y también las coberturas contratadas con el seguro: es el momento de decidir si es necesario o no instalar una puerta blindada (o reforzar la existente), de poner cerrojos, rejas, de instalar alarmas o dotarse de cajas fuertes… y también de revisar el seguro y ver si conviene o no aumentar las coberturas contratadas.

Hurto, robo o atraco; no es lo mismo

La inspección de la vivienda asaltada y lo que haya expuesto la víctima, el denunciante, llevarán a la policía a determinar si el suceso ocurrido se ha tratado de un hurto, de un robo o de un atraco (también llamado expoliación), cada uno de los cuales conlleva una cobertura diferente por parte del seguro y un castigo distinto para el delincuente. El hurto consiste en robar algo sin usar la fuerza sobre las cosas y sin utilizar ni la violencia ni la intimidación sobre la víctima. Un ejemplo típico sería el ladrón que entra a una casa por una ventana abierta y se lleva cosas, o el «descuidero» de aeropuertos y similares que aprovecha algún despiste del personal para levantarle la maleta o una bolsa. El robo conlleva el uso de la fuerza sobre las cosas: forzar cerraduras, romper puertas, practicar un butrón… En el atraco o expoliación hay intimidación, agresión o violencia física sobre la víctima.

La mejor medida de seguridad y la más barata es el sentido común

Aunque seguramente no existe la casa segura al 100%, es evidente que cuantas más medidas de seguridad tenga una vivienda (puerta blindada, rejas, alarmas…) más difícil de allanar será. El sentido común también ayuda a evitar o al menos dificultar que nos entren en casa; y, si consiguen hacerlo, a minimizar el daño. Es de sentido común, por ejemplo, no hacer ostentación pública de tener en casa objetos caros como joyas o de guardar el dinero bajo el colchón. No deberíamos franquear el acceso al portal a ningún desconocido que llame al portero automático, y mucho menos a la propia vivienda. Si quien pretende entrar dice ser empleado de alguna empresa de servicios (electricidad, gas, teléfono…), debemos pedirle que se identifique, especialmente si se trata de una visita no acordada, e incluso llamar a la compañía a la que supuestamente pertenece con la cadena de la puerta puesta. Son asimismo de lógica ciertas sencillas medidas de precaución que podemos y debemos adoptar si vamos a estar fuera por unos días. Cuanta menos gente lo sepa, mejor. Nada de pregonarlo, por ejemplo, en las redes sociales que están tan de moda. Dejaremos bien cerradas las ventanas y la puerta (o las puertas), pero no las persianas, porque eso transmite la sensación de que la vivienda está deshabitada. Otro chivato puede ser el buzón. Si está rebosante de cartas o de publicidad, lo más seguro es que el propietario lleve días sin pasar por casa. La prudencia aconseja, pues, dejar las llaves del buzón a algún vecino de confianza (quien además tendrá nuestro número de móvil) para que lo vacíe cada poco. Jamás debemos dejar las llaves de la vivienda (lo hace más gente de la que pudiera pensarse) en lugares como debajo del felpudo o escondidas en un tiesto. Jamás debemos poner una nota que indique que estamos ausentes. Si, pese a todo, los amigos de lo ajeno han logrado colarse en casa, seguramente agradeceremos haber tenido la precaución de tener el dinero, las joyas y documentos importantes, con datos sensibles (nóminas, contratos, escrituras…) a buen recaudo, en una buena caja fuerte en la propia vivienda o, mejor aún, en un banco. También es conveniente no guardar juntos o cerca cosas como cheques y documentos con nuestra firma. En fin, medidas y precauciones sencillas y baratas que pueden ayudarnos a evitar un disgusto serio.