Convivimos con un arsenal químico en nuestras casas

Share on whatsapp
Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin

 

Son cada vez más los médicos de diversas especialidades y los científicos que alertan sobre un aumento importante en el número de niños que nacen con enfermedades graves (alergias, asma, diabetes, defectos físicos…) que no puede explicarse por cambios genéticos o generacionales y que, aseguran, podría deberse a la enorme y creciente cantidad de elementos tóxicos artificiales a los que estamos expuestos en nuestra vida cotidiana y especialmente en nuestras propias viviendas. En este reportaje citamos dos estudios recientes tan ilustrativos como preocupantes y ofrecemos agunas pistas y consejos para tratar de reducir el arsenal químico que casi todos tenemos en nuestras casas.

El pasado 16 de octubre, numerosos medios de comunicación de todo el mundo publicaron los resultados de un informe elaborado por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos resumidos en un titular tan llamativo como preocupante: “El aire de nuestras casas puede contener hasta diez veces más sustancias contaminantes que el de la calle”. La noticia impacta e incluso puede provocar incredulidad, al menos a los lectores que no se paren a pensar que el aire de la calle se mueve constantemente pero el de muchos hogares se renueva mucho menos y que, además, está impregnado de los efluvios del arsenal químico presente en casi todas las casas.

La inmensa mayoría de los productos de limpieza del hogar, de aseo personal, pinturas, conservantes alimentarios materiales sintéticos… contienen sustancias químicas (que les dan olor, moldeabilidad, textura, mayor resistencia al fuego, propiedades antimanchas, hidrófugas…) que son nocivas para la salud y que entran en nuestro cuerpo por vía respiratoria o a través de la piel, como por ejemplo los ftalatos (que los desprende el PVC), el bisfenol A o divesos compuestos fluorados altamente perjudiciales.

Los científicos responsables del estudio advierten de que esas y otras sustancias que usamos y nos aplicamos a diario alteran el equilibrio del organismo y pueden ser muy dañinas para la salud, especialmente para los fetos en gestación, los niños pequeños y los púberes. Citan, por ejemplo, los disruptores hormonales, presentes en muchísimos productos cosméticos y de higiene personal, que imitan o bloquean a nuestras hormonas naturales, que son las encargadas de transportar información a los órganos principales y que controlan funciones vitales como la reproducción y el crecimiento.

En esa misma línea, en febrero de 2013 la Organización Mundial de la Salud y el Programa Medioambiental de la ONU (PNUMA) publicaron un informe que advierte de que estos riesgos no se están teniendo en cuenta suficientemente y que asegura que los disruptores endocrinos son “una amenaza global que se debe evitar”.

Cosmética peligrosa, según un estudio del BEUC

Poco antes que el estudio citado se hizo público otro, éste europeo, realizado por varias organizaciones de consumidores agrupadas en el BEUC (Bureau européen des unions de consommateurs) y centrado en una serie de productos de cosmética e higiene personal que podemos encontrar en prácticamente todos los hogares.

Esta investigación, titulada “Endocrine disrupting chemicals – analysis of 66 everyday cosmetic and personal care products”, analizó un total de 66 productos (de diversas marcas) entre los que había, sobre todo, lociones corporales, pintalabios, cremas faciales y champús. Pretendía saber qué cantidades contienen dichos productos de sustancias químicas que se usan como conservantes, como filtros ultravioleta, emulsificantes y agentes bacterianos, sustancias que (con sus límites) están permitidas en la Unión Europea pero están también bajo la sospecha médica y científica de dañar la salud humana y de contaminar el medio natural.

El estudio encontró unas 20 moléculas conocidas y sospechosas de ser disruptores endocrinos y también ciertos productos químicos preocupantes, como el phenoxyethanol, que entre otras cosas se usa como conservante en cosméticos. Esas sustancias están por debajo de los topes legales en cada producto analizado. Es decir, usar uno de esos productos no nos va a provocar daño.

Acumulación de sustancias no testada y de efectos desconocidos

El problema es que la mayoría de las personas (más las mujeres que los hombres) usa varios de esos productos a diario: loción corporal, crema facial, rimel, maquillaje, desodorante, pasta de dientes… De esta forma, recibimos o podemos recibir una cantidad y una mezcla muy importante de sustancias nocivas que ningún test ha evaluado en el organismo humano, ya que los producto de este tipo, antes de salir al mercado, se testan de forma individual.

Los endocrinólogos que han participado en este estudio del BEUC se confesaron alarmados por los resultados. Entre las partículas especialmente preocupantes halladas en la investigación destacan el filtro de UV ethylhexyl methoxyciunnamate y el propilparabeno, que se encontró en 28 de los 66 productos analizados. Los parabenos presentes en ciertos productos naturales como los arándanos son correctamente asimilados por el cuerpo humano, pero no ocurre lo mismo con los parabenos usados en cosmética, que son artificiales y derivados del petróleo.

Citan también el triclosán, un agente antibacteriano con efectos estrógenos que puede afectar a la tiroides y que se encontró en varias marcas de pasta dentífrica.

Los autores del estudio Endocrine disrupting chemicals – analysis of 66 everyday cosmetic and personal care products” establecen dos categorías de productos por su diferente peligro potencial: los que permanecen bastante tiempo en la piel, como la crema facial, los desodorantes o las lociones corporales; y los productos que se aclaran con el agua una vez usados, como el jabón, el champú y la pasta dentífrica. Lógicamente, los primeros tienen mayor peligro que los segundos.

Precauciones y alternativas

Si el tema nos preocupa, lo primero que debemos hacer los consumidores es informarnos. Debemos asimismo leer cuidadosamente el etiquetado de los productos cosméticos y de higiene personal. Los autores del estudio recomiendan evitar, por ejemplo, los productos que contengan disruptores endocrinos (estrógenos ambientales, xenoestrógenos, moduladores endocrinos, ecoestrógenos, hormonas ambientales…), fenoxietanol, tilexil methoxidinamate (también conocido como octinoxate), propilparabeno (E-216) o triclosán (a veces aparece como CH-3565 o CH 3635).

El estudio del BEUC aconseja a las mujeres embarazadas, especialmente en los tres primeros meses de gestación, reducir todo lo posible el uso de cosméticos y evitar totalmente los que están perfumados. Los niños deberían usar exclusivamente productos especiales para ellos, que suelen contener menos elementos tóxicos; y nadie, ni pequeño ni mayor, debería usar en el mismo día dos o más productos con el mismo o similar efecto: crema corporal y luego protector solar, por ejemplo.

Más consejos: buscar (porque los hay) productos de higiene y cosméticos con las leyendas “libre de parabenos”, “sin colorantes”, “sin sulfatos”… Mejor aún: usar cosméticos orgánicos certificados, naturales, que o bien carecen totalmente de ingredientes tóxicos o bien los tienen en niveles mínimos. El propio BEUC no tiene empacho en recomendar marcas concretas: Bdih, Ecocert, Natrue, Cosmebio…

El estudio completo se encuentra en la sección “Safety & sustainability” de la página web del BEUC: www.beuc.org

 

Información detallada en la “Guía para comprar sin tóxicos” de Greenpeace

En la página web de Greenpeace España, se puede encontrar la “Guía para comprar sin tóxicos”, publicada por primera vez en 2004, que ofrece datos sobre la toxicidad o no de numerosos productos concretos (de varias marcas, la mayoría de ellas muy conocidas) de limpieza, cosmética e higiene y también ciertos aparatos presentes en casi todos los hogares: pintalabios, perfumes, champús, cremas hidratantes, espumas de afeitar, zapatillas, artículos infantiles (juguetes), lavavajillas, detergentes, limpiahogar, pinturas, televisores, vídeos y móviles. En cada apartado aparecen varias marcas y junto a cada una de ellas una tarjeta verde, ámbar o roja. La verde significa que el fabricante ha contestado a Greenpeace asegurando que el producto no contiene químicos peligrosos. La ámbar, que el fabricante reconoce que el producto tiene químicos dañinos pero que asegura los va a eliminar en tal plazo. La roja, que el fabricante no ha contestado o ha contestado que su producto tiene químicos peligrosos y que no tiene previsto eliminarlos.

Fundación Vivo Sano: “¡Que no te enferme tu casa!”

“El contenido químico de las casas actuales poco tiene que ver con el que tenían las casas de nuestros antepasados. Dentro de ellas podemos encontrar un complejísimo cóctel de sustancias, muchas de las cuales pueden pasar a nuestros propios cuerpos. ¿Dónde se encuentran estas sustancias? ¿Cómo llegan a nuestro hogar? ¿Qué alternativas existen?”. Así reza la reseña del libro “Hogar sin tóxicos”, de Carlos de Prada, publicitado en la web de la Fundación Vivo Sano (www.vivosano.org). “Este libro recoge de una forma clara, práctica y sencilla consejos, recomendaciones y alternativas que permitirán a los lectores reducir la carga tóxica de sus casas, conseguir un hogar más sano y proteger a aquellos más vulnerables, como niños y embarazadas”.

La Fundación Vivo Sano se define como euna organización independiente, de iniciativa privada y sin ánimo de lucro orientada a la salud que trabaja “para crear una sociedad más sana donde las personas se encuentren bien en todos los aspectos de sus vidas, disfrutando de una buena salud física y mental, de unas relaciones constructivas, viviendo en un entorno saludable”. Lo hace “promoviendo hábitos saludables para el cuerpo, la mente y el entorno que nos rodea, fomentando un nuevo modelo de atención sanitaria basado en la medicina integrativa y velando para que instituciones y legisladores antepongan la salud de los ciudadanos a cualquier otra consideración”.

En su página web hay abundante información sobre el tema que tratamos en estas páginas. Y bastantes y buenos consejos para tratar de minimizar el arsenal químico que tenemos en nuestras casas y sus consecuencias sobre nuestra salud. Los siguientes son algunos de ellos:

-Reducir todo lo posible el número de productos de limpieza en casa.

-No usar ambientadores sintéticos.

-Usar lo menos posible productos de limpieza en forma de spray.

-Usar productos de limpieza ecológicos, que los hay.

-Ventilar la casa a diario. Una habitación se ventila bien en 10 minutos.

-No abusar del PVC. Son preferibles los muebles hechos con materiales naturales (madera).

-Usar pinturas ecológicas.