¿Seguro que es atún, anchoa, bacalao…?

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Un estudio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que forma parte del programa europeo Labelfish, encuentra altos porcentajes de fraude en productos de atún, anchoa y bacalao vendidos en Bilbao, Madrid, Vigo y Santiago de Compostela.

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El estudio del Consejo Superior de Investigaciónes Científicas (CSIC) ha analizado el ADN de 300 productos elaborados con atún, anchoa y bacalao en las ciudades citadas. Y ha encontrado lo siguiente: el 25% de productos elaborados con atún congelado o fresco (incluidos los que se venden troceados en pescadería, sin que se vea el pez completo) no es atún. En conservas de atún, el porcentaje de fraude es el 11,3%. En semiconservas de anchoa, el 12,2% no es lo que dice ser. Y en bacalao seco salado, el fraude detectado está en el 6,5%. La investigación no ha encontrado fraude en elaborados de bacalao fresco ni congelado.

Este estudio, que forma parte del programa europeo Labelfish y ha sido realizado por el Instituto de Investigaciones Marinas del CSIC en Vigo, no especifica qué especies se están haciendo pasar por atún, bacalao o anchoa, pero sí da a entender que, en mayor o menor medida, se está colando pescado de menor calidad. Así ha sido, desde luego, en estudios anteriores sobre fraude en el pescado. Eso no significa que el pescado fraudulento vaya a ser peligroso o malo para la salud (salvo, quizá, en el caso de personas alérgicas a un pescado que no saben que lo están consumiento porque en la etiqueta pone otra cosa).

Pero no deja de ser un fraude al consumidor, “a veces involuntario y a veces deliberado”, en palabras de la coordinadora del estudio, Carmen González Sotelo. “En algunos casos está claro que son errores no premeditados porque no hay ganancia económica (quiere decir que se ha colado un pescado que no es ni peor ni más barato). Pero cuando se vende una variedad barata como si fuera otra más cara, es lógico pensar que hay un objetivo fraudulento”.

Por qué ese altísimo 25% de fraude en el atún

El altísimo porcentaje de fraude hallado en el atún tiene que ver, según los investigadores del CSIC, con “la extensión de la cocina japonesa, que valora especialmente el atún rojo”. Esa es la especie más valorada en el mercado, pero es difícil de distinguir de otras variedades de atún cuando se presenta en porciones o en elaboraciones de sushi.

La industria despañola del pescado niega el fraude

Tras la publicación del estudio del CSIC en varios medios de comunicación, la patronal española de las conservas, Anfaco, manifestó que el único laboratorio de control de especies y trazabilidad que está acreditado es el suyo propio, y que éste no ha detectado irregularidades. Y lo mismo dijo la Federación de Detallistas de Pescado y Congelados, Fedepesca. Según ellos, el atún, el bacalao y la anchoa son lo que dicen ser, las etiquetas son correctas y no hay ningún fraude.

Panga por merluza

En ocasiones similares anteriores los responsables de la venta del pescado fraudulento no fueron tan tajantes y hablaron de “errores humanos puntuales”. Así ocurrió en el otoño de 2012 al publicarse un estudio realizado en supermercados de Madrid que aseguraba que el 8,6% de lo que se vendía como merluza europea (la más cotizada, la que llamamos merluza del Cantábrico) no era tal, sino merluza de menor calidad (sudamericana, chilena, merluza negra…), e incluso especies que nada tienen que ver con la merluza, como el panga o el granadero.

Aquel estudio, obra del Consorcio Internacional de Periodistas de Invesigación, analizó el ADN de 150 ejemplares de distintos lotes comprados en establecimientos de la Comunidad de Madrid, entre los que figuraban supermercados de Alcampo, Carrefour, Eroski, El Corte Inglés… Los responsabes adjudicaron el fraude a “errores humanos puntuales”. ¿En casi uno de cada 10 peces? ¿Y en todos los casos “errores” que perjudican al consumidor: pescado de inferior calidad a precio de pescado de mayor calidad? La experiencia nos dice que cuando los errores caen siempre del mismo lado lo más seguro es que no sean errores.

Y no sólo la experiencia. Un estudio hecho en 2010 por científicos griegos y españoles aseguraba que el 40% de la merluza (solo una de las decenas de especies de pescado que consumimos habitualmente) que se vende en el Estado español está mal etiquetado.

Labelfish busca un sistema europeo estándar de autentificación de especies

Ante la acumulación de estudios que destapan fraude en el pescado, la Unión Europea ha puesto en marcha varios programas para saber qué falla y ver cómo corregirlo. Uno de ellos es Labelfish, que trata de establecer un sistema estandarizado de autentificación de especies marinas en toda la Unión para mejorar la eficacia de los controles y combatir el fraude con el pescado.

Dentro de este programa se están haciendo estudios similares al español en Portugal, Francia, Reino Unido, Irlanda y Alemania. De momento sólo se han publicado los datos del estudio español, pero ya se ha adelantado también que en Reino Unido e Irlanda el fraude podrá rondar entre el 2% y el 18%. De lo que se trata es de establecer un protocolo sistematizado y común a todos los países de la UE, porque lo que falla no es la legislación, que es muy clara, sino el control.

EKA/OCUV pide a las administraciones de consumo y sanidad más control sobre el etiquetado del pescado

Ante la proliferación de estudios que destapan fraudes en el pescado, la organización vasca de personas consumidoras EKA/OCUV exige a las empresas y a los profesionales que apliquen correctamente la normativa vigente sobre etiquetado de pescado y pide a las administraciones de consumo y sanitarias que aumenten el control sobre dicho cumplimiento para evitar fraudes.

¿Cómo establece la ley que debe etiquetarse el pescado? Entre otros lugares, la respuesta la encontramos en la Guía de la Persona Consumidora y Usuaria que edita el Gobierno vasco.

En la etiqueta del pescado no envasado deben figurar los siguientes datos: nombre comercial de la especie, zona de captura, calibre, frescura, fecha de captura, método de producción, modo de presentación del producto, precio por kilogramo y datos del expedidor.

En la etiqueta del pescado envasado deben figurar los siguientes datos: nombre comercial y científico de la especie, zona de captura, calibre, frescura, fecha de captura, método de producción, modo de presentación del producto, fecha de envasado, fecha de consumo preferente, precio por kilogramo, peso neto, importe total y datos del expedidor.

Hasta el tamaño de las etiquetas está fijado por la normativa. Deben tener 9,5 centímetros de ancho por 4 centímetros de alto.

Es bien sencillo comprobar si las etiquetas son o no así.

La normativa sobre pescado dice, además, que el mismo debe exponerse en una superficie inclinada entre hielo que se renueve periódicamente y que no debe estar expuesto con perejil, hojas de col u otros productos que lo puedan contaminar. Una vez el pescado en casa, es necesario mantenerlo siempre refrigerado o congelado, cuidando que no entre en contacto con otros alimentos. Y antes de guardarlo en la nevera o el congelador debemos dejarlo perfectamente limpio.

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